EL CAMINO A LOJA DEJA HUELLAS EN EL PUEBLO WARANKA

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”, escribía Antonio Machado. Y el Camino a Loja continuó  ayer “haciéndose camino”, porque ayer lo comenzamos a andar en la provincia de Bolívar.  

Fue con  el estreno de la obra “Rastros y rostros del pueblo Waranka”, del director Jaime Lárraga Delgado. Una obra muy lograda que no sólo cosechó aplausos y emociones, sino también reflexiones de profundo calado, de entre las cuales compartimos tres.

El director, Jaime Lárraga, destacó de inicio el gran acierto que supuso encontrar los rostros adecuados para encarnar los del ancestral pueblo Waranka. El detalle no es menor, pues desde allí se comienza a “transmitir” –destacó el director- las emociones que le dan sentido a la obra. En adelante, todo fue fluyendo y “en conjunto logramos llegar a lo que buscábamos. Hubo actitud y aptitud para dejarlo todo y dejarse llevar en el proceso creativo”, comentó Lárraga.

Ya en  términos de un análisis más profundo, observó el nivel de empatía con que el público apreció la obra, sintiéndose reflejado y aludido en algunos pasajes más que en otros: “Hay varias escenas fuertes y que fueron profundamente asumidas por el público, como el espacio de Salinas… Las personas se sentían identificadas con esas condiciones de un pueblo que está a más de 3.000 metros de altura y que vivió la opresión. Realidades que hay que contar y así generar un proceso de reflexión. Bolívar tiene la ruta de la fe, y la espiritualidad jugó un papel importante para su pueblo…”.  “Esperamos que Bolívar empiece a producir por el bien de las artes de Ecuador y el mundo”, concluyó.

Nicolás González -psicólogo de profesión, actor de corazón- representó al sacerdote en la obra. Su personaje brilló con su derroche de energía y brilló también  el mismo González con su reflexión: decía que las obras revelan la memoria colectiva, que se fue perdiendo con el tiempo  y  el arte lo recupera. En esta obra no se trata sólo de recuperación, sino también de reconciliación y sanación, opinó: “Las obras, que apelan a la memoria colectiva, no hacen otra cosa que reabrir heridas, que es necesario sanar y eso es posible conjugando y conciliando la historia de los pueblos con la realidad  actual. Por eso el arte es también un espacio de sanación para los pueblos.”

Por su parte, el director del Núcleo Bolívar de la Casa de la  Cultura Ecuatoriana, Luis Chávez, posó su mirada en una escena que ilustraba la vida en los mercados y luego en el episodio que representaba al carnaval. Su comentario destacó que estos espacios posibilitan y  realmente producen un encuentro entre el mundo indígena y el mundo mestizo. Tras reconocerlo en la obra,  valoró públicamente la valía de los espacios de encuentro, que hacen posible ir construyendo la  superación de  viejos estigmas que discriminan (al pueblo indígena), particularmente en momentos recientes de marchas  y  reivindicaciones. Festejó, finalmente, que existan espacios de encuentro, que permiten la reflexión y nos cercan a la certeza de sabernos un solo pueblo.

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