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CULTURA Y CREACIÓN ARTÍSTICA EN TIEMPOS DE PANDEMIA
 

 

En este Día Nacional de la Cultura, hoy, 9 de agosto de 2020, hemos de rendir homenaje, en primer lugar, a las personas que por miles, y a lo largo y ancho del país, han entregado y lo siguen haciendo, su esfuerzo humano, médico y técnico, hasta agotar sus energías y, en algunos casos, hasta morir, para atender a quienes han caído víctimas del contagio de la Covid-19. Esperamos que la sociedad en su conjunto reconozca el mérito invaluable de estos compatriotas, hombres y mujeres; y demandamos a los poderes públicos, que de modo recíproco a ese esfuerzo sobrehumano, mejoren las condiciones laborales y económicas, sin duda muy precarias, de esas personas humanitarias.

Hoy celebramos el Día Nacional de la Cultura de un modo inédito, en medio del confinamiento social y con un sentimiento generalizado de miedo al contagio. Ambas situaciones atentan contra uno de los pilares de la cultura: la creación artística, que es la comunicación, el contacto directo de sus actores con el público, el intercambio humano cálido; todo aquello que le da sentido a la obra artística y cultural. A pesar de aquello, hay que continuar la labor, guardando la distancia social y haciendo nuestro trabajo de modo virtual para evitar un contagio mayor y sus graves efectos en la salud.

En este Día Nacional de la Cultura, nuestra reflexión tiene un tópico específico: responder a la cuestión del papel de las culturas y las artes en días de pandemia. Hemos de intentar hacerlo recurriendo a las lecciones de la historia, situándonos en dos escenarios ligados entre sí: el planeta Tierra y nuestro país. La historia no se repite, pues refleja un permanente suceder de hechos, fenómenos y circunstancias, un inacabado proceso de cambios de condiciones. Sin embargo, hemos de comparar la pandemia de 1918 y la pandemia del 2020.

Hace un siglo, en 1918, el planeta, la humanidad y el Ecuador padecieron la pandemia denominada ‘gripe española’, que empezó azotando a Estados Unidos, pasó a Europa y llegó al Ecuador en diciembre de 1918, principalmente a Guayaquil y Quito. En el mundo de entonces, tan diferente al actual, la ‘gripe española’ duró dos años causando graves estragos. Luego desapareció dejando unos 50 millones de muertos en todo el mundo. Por el contrario, actualmente los científicos pronostican que la Covid-19 tendrá una larga vida, cuyos impactos no pueden aún ser ponderados.

En una visión retrospectiva afirmamos que la pandemia de 1918 fue como el preámbulo de la Gran Depresión de 1929, que duró cuatro años, hasta 1933. Terminada esa pandemia y superada la Gran Depresión en 1933, el mundo se abocó a la Segunda Guerra Mundial (1936–1944), precedida por la Guerra Civil Española, en 1936. A los tres procesos anotados se sumó un cuarto. En el periodo entre 1918 y 1944 se multiplicaron en el mundo los regímenes autoritarios, cuya expresión más trágica fue el nazi-fascismo en Europa occidental. Además, entre guerras el mundo se dividió en dos sistemas antagónicos: capitalista y socialista, y se agrandó la brecha entre los llamados países ‘desarrollados’ y ‘subdesarrollados’, o ‘avanzados’ y ‘atrasados’. Por último, sucedieron numerosas revoluciones y luchas contra el colonialismo.

En el Ecuador, la pandemia de la ‘gripe española’ llegó en diciembre de 1918 y se mantuvo ocasionando graves estragos hasta febrero de 1919. Probablemente causó unos 500 muertos a escala nacional. El sistema público de salud respondió con eficiencia liderado por

 

el doctor Isidro Ayora, ciudadano destacado en la cátedra universitaria, la salud pública, la vida política, quien, poco más tarde, como Presidente de la República, trajo al Ecuador la Misión Kemmerer para organizar las cuentas nacionales, fundar el Banco Central y la Contraloría.

La cultura jamás es ajena a las transformaciones que gravitan en una sociedad. A escala planetaria, en medio de los procesos de crisis reseñados, se experimentaron grandes cambios y aparecieron novedosas tendencias. En las artes plásticas, la poesía y el cine, surgieron movimientos vanguardistas como el cubismo, impresionismo, futurismo, abstraccionismo, expresionismo, surrealismo. Hubo renovación estética y técnica en la arquitectura y la ingeniería. Surgió el realismo socialista que dejó sentada su huella en la plástica, el cine, la literatura, la danza y la música.

En América Latina, el modernismo rompió la tradición en el arte y la creación, expresándose ante todo en la literatura con Rubén Darío. Nació el cine en blanco y negro, se ampliaron las comunicaciones radiales y el disco grabado en acetato popularizó las creaciones musicales. Entre nosotros, el modernismo tomó cuerpo con el gran poeta Jorge Carrera Andrade, destacándose entre sus precursores Medardo Ángel Silva, entre otros poetas de la generación de ‘Los Decapitados’. El realismo social innovó el relato literario. La pintura avanzó desde el cubismo hasta el indigenismo, sea romántico o vanguardista. Hubo abundante creación musical, de carácter académico y popular, destacándose los poetas y músicos del pasillo ecuatoriano. Se desarrolló el teatro en escena y el radio-teatro. Hubo un fenómeno con rasgos vanguardistas en la literatura, con Pablo Palacio y Humberto Salvador Guerra, sus dos exponentes más conocidos.

La crisis económica, productiva, financiera y de representación política en el Ecuador crearon las condiciones para la Revolución Juliana (1925-1931), que gestó la institucionalidad moderna del Estado. Proceso que culminó con la Revolución Gloriosa del 28 de mayo de 1944. Ambos sucesos contaron con la activa participación de artistas y creadores culturales vinculados a los sectores más progresistas de la sociedad. Este fue el gran contexto histórico para la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en agosto de 1944. Generalmente se relaciona la fundación de nuestra institución con la crisis de identidad nacional padecida por el Ecuador a raíz de la derrota militar ante el Perú en 1941 y el cercenamiento del territorio nacional. También se lo vincula con el reclamo político popular frente al régimen de Carlos Arroyo del Río y las prácticas del fraude electoral.

Sin restar importancia a estos hechos históricos, creemos que la Casa de la Cultura Ecuatoriana fue el resultado de todo ese acumulado de energías que se inició mucho antes, en 1918, y culminó en 1944. Los personajes que estuvieron presentes en la vida pública nacional en ese agitado cuarto de siglo, fueron en muchos casos los fundadores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Los artistas, intelectuales, juristas, científicos y personas vinculadas con la ciencia y la cultura, de esa época de crisis, coincidieron en que la cultura debía tener un espacio institucional autónomo, de expresión y participación en el agitado devenir nacional, lo cual se plasmó en la fundación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en agosto de 1944.

Ahora bien, si en los años primigenios la Casa de la Cultura Ecuatoriana fue como el hogar de ilustres intelectuales, artistas, juristas, científicos, entre otros, acogiéndoles con un manto de pluralidad ideológica y política gracias al carisma, respeto y afecto que emanaba de nuestro ilustre fundador, Benjamín Carrión, en las décadas posteriores, a raíz de los años

 

sesenta del pasado siglo, la CCE abrió sus puertas a los artistas, creadores y gestores culturales más bien vinculados con los sectores populares, cubriendo un espacio importante de relacionamiento de la cultura con las bases de la sociedad, y en los noventa, comprendió y actuó en el marco de un país diverso, una sociedad multiétnica y un Estado plurinacional.

Llegamos así a estos días de pandemia y confinamiento social. Además, en un contexto de reducción drástica de los recursos fiscales para la educación y la cultura. Todo esto agravado por los impactos en la salud pública por la Covid-19 y el sufrimiento acaso traumático de miles de familias ecuatorianas. Por último, en un ambiente de desconcierto por la anomia en la vida política.

Dos preguntas quedan planteadas para el debate: ¿qué papel le corresponde asumir a la Casa de la Cultura Ecuatoriana en tales circunstancias? De hogar de ilustres intelectuales y artistas, al inicio; a espacio de artistas, creadores y gestores culturales desde la base social, después; en estos tiempos de pandemia, creemos que a la Casa de la Cultura Ecuatoriana le corresponde el papel de suscitador del pensamiento pluralista, crítico, que señale a la sociedad las coordenadas y los caminos de recuperación de la Patria Grande por su Cultura y Ancestros, que debe ser la base de una sociedad renovada que ve en la crisis de la pandemia la oportunidad de buscar nuevos horizontes y un destino de justicia y equidad social. Por último, ¿cómo la Casa de la Cultura Ecuatoriana va a respaldar las creaciones artísticas y culturales que a corto plazo reflejarán los impactos emocionales y estéticos generados por la pandemia de la Covid-19? El debate está abierto respetado pueblo ecuatoriano.

 

Camilo Restrepo Guzmán

Presidente Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana 9 de agosto de 2020