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Benjamín Carrión

Benjamín Carrión

(Loja, 1897 – Quito, 1979)

Manuel Benjamín Carrión Mora nació en la Provincia de Loja, sur del Ecuador, el 20 de abril de 1897,   hijo de Manuel Carrión Riofrío y Filomena Mora Bermeo, fue el último de 10 hermanos. A los seis años queda huérfano de padre.

No asistió a una institución primaria, es su madre quien le enseña sus primeras letras y algo de francés a través de sus libros predilectos como Lamartine. Mientras que su hermano Manuel, se encargará de profundizar en la literatura francesa a través de las poetas Baudelaire y Rimbaud, conocidos como los “Poetas Malditos”. Este pensamiento francés marcaría profundamente a Carrión, en Francia a mediados del XIX, en algunas mentes abundantes millones de ideas que se lanzaban al mundo como manifestaciones de un moderno y provocativo propósito vanguardista cuya misión era la de reinventar el arte en todos los sentidos.

Realizó sus estudios secundarios en el prestigioso Colegio Bernardo Valdivieso, Ciudad de Loja, ciudad a la cual el mismo Carrión llamará:

“El último rincón del mundo pero con un gran potencial cultural, la tierra más bella de la existencia en el planeta” y qué sería El motivo de inspiración de sus primeros versos.

Benjamín Carrión siempre se destacó como un hombre innovador, dinámico y proactivo; recursos que imprimen en sus obras literarias por los cuales reciben importantes reconocimientos: En poesía, gana el Jazmín de Plata con «Romance antiguo» y La Flor Natural con «Confesión lírica»; mientras que en prosa gana el primer premio con «Mariana». Paralelamente colabora en el periódico El Día y el semanario Caricatura.

En 1920, Carrión es nombrado socio activo de la Sociedad Jurídico-Literaria. Este año colabora con la revista guayaquileña Juventud estudiosa, dirigida por Teodoro Alvarado Olea. Figura además como diputado al Congreso Nacional de 1921. Luego de graduarse, regresa a su ciudad natal Loja, donde se desempeña como docente y dirige “Cultura”, revista del profesorado del Colegio Bernardo Valdivieso.

En 1922, contrae matrimonio con Águeda Eguiguren Riofrío. A su retorno a Quito, dicta la cátedra de Sociología en la Universidad Central, y después también la de Castellano en el Colegio Militar Eloy Alfaro.

El 18 de abril de 1925 Carrión ingresó al servicio diplomático y en junio viaja a desempeñarse como Cónsul en El Havre, Francia. Ya en Europa, y gracias a su amistad con César Arroyo, establece amistad con figuras importantes de Latinoamérica como Gabriela Mistral, José Vasconcelos, Alcides Arguedas y Francisco García Calderón; a más de personalidades del ámbito europeo como Miguel de Unamuno, Romain Rolland, George Duhamel, entre otros.

En 1927, con Marcel Vuillermoz, alto funcionario de la extinta Casa Editorial Garnier de París, funda la Editora París-América, para lanzar colecciones de libros de escritores consagrados y nuevos de América Española. Una de las series requiere llevar el nombre de Gabriela Mistral. La empresa fracasa. Al año siguiente, producto de su pasión por Latinoamérica, con prólogo de Gabriela Mistral, publicación en París, los creadores de la Nueva América que incluyeron ensayos sobre José Vasconcelos, Manuel Ugarte, Francisco García Calderón y Alcides Arguedas, y en 1929 la novela ” El desencanto “de Miguel García.

En 1930, escribe Mapa de América, con prólogo de Ramón Gómez de la Serna y estudios sobre Teresa de la Parra, Pablo Palacio, Jaime Torres Bodet, el Vizconde de Lascano Tegui, Carlos Sabat Ercasty y José Carlos Mariátegui. Además, publicó en Francia “Los que se van”: “cuentos del cholo y del montuvio”, de Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta, que dio comienzo a la literatura ecuatoriana del Realismo Social.

En 1931, se trasladará a Lima como Primer Secretario de la Legación; pero a mediados de 1932, renuncia al cargo. En Quito participará en la política como miembro y secretario general del Núcleo de Pichincha del Partido Socialista Ecuatoriano, en esa época recientemente re-fundado.

Luego de la Guerra de los cuatro días, será nombrado Ministro de Educación, del gobierno interino de Guerrero Martínez, cargo que desempeñará por breve tiempo.

El 13 de febrero de 1933, en el gobierno de Martínez Mera, Ministro Plenipotenciario en México, motivo por el cual es expulsado del Partido Socialista.

En tierra azteca, más de cumplir sus funciones diplomáticas, en momentos difíciles para el Ecuador, sigue en su trabajo intelectual, publicando en 1934 el libro “Atahuallpa”. Cuando José María Velasco Ibarra asume la presidencia, renuncia al cargo, retorna al país y hace patente su figura pública a través de la constitución, junto a Ángel Modesto Paredes, Gonzalo Escudero, Rafael Alvarado, César Carrera Andrade, Néstor Mogollón y Miguel Ángel Zambrano , de la «Escuela de cultura socialista»; es nombrado Profesor de Literatura en la Escuela Superior de Pedagogía de la Universidad Central, elegido Presidente de la Sociedad Jurídico-Literaria.

Para diciembre de 1936, es expatriado por la dictadura de Federico Páez a Ipiales-Colombia.

De regreso al país, publicación Índice de la poesía ecuatoriana, en 1937.

Con la dictadura del general Alberto Enríquez Gallo, forma parte de la misión diplomática del Ecuador en Bogotá.

En 1939, comienza a trabajar en una antología de relatores ecuatorianos, que se hará realidad años después con “El nuevo relato ecuatoriano: crítica y antología” (1951-52).

Entre 1941 y 1943, escribe “Cartas al Ecuador”, una serie de artículos publicados en el diario El Día.

En 1944 y en el gobierno de Velasco Ibarra, mientras se desempeñaba como presidente del Instituto Nacional de Previsión Social, prepara la Ley y los Estatutos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Proyecto que perennizará su gran labor, la Casa de la Cultura Ecuatoriana será creado el 9 de agosto y se constituye bajo la noción de:

 

“Si no podemos, ni debemos ser una potencia política, económica, diplomática y menos -¡mucho menos! – militar seamos una gran potencia de la cultura, porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia”

 

 

La Casa de la Cultura Ecuatoriana que en la actualidad lleva su nombre, Benjamín Carrión, emerge como una necesidad de reivindicar la dignidad del país y bajo los imperativos de este compromiso asumido el desafío que la ciencia, las letras y el desarrollo artístico cultural del Ecuador , le demandaban. Desde allí Carrión en sus años como presidente de la Casa de la Cultura, promocionará a jóvenes escritores, tanto a nivel nacional como internacional, en especial de la generación de los años treinta.

Carrión citaba el ejemplo de naciones pequeñas como Grecia e Israel, posiblemente, no obstante, de figurar entre las más civilizadas y cultas de toda la historia.

La teoría de la nación pequeña, el símil del sauce podado y la fecundidad del insuficiente demostraban que un cuerpo mutilado puede actuar en plenitud de posibilidades físicas y por ende espirituales, fusionaron las fuerzas de compensación por él desarrollado. La Casa de la Cultura Ecuatoriana, concebida como un verdadero hogar de la cultura nacional, hacer del Ecuador lo que las armas nunca podrían lograr: la expresión de una fuerza anímica bajo nuestro signo se enaltecerían las artes y las letras.

En 1948, viaja como Embajador a Santiago de Chile, donde permanece por poco tiempo. A su retorno, se desempeña en la cátedra universitaria, y para 1950 funda con Alfredo Pareja el diario El Sol, del cual es su director.

A poco, la empresa fracasa. Entonces viene una etapa de fructífera creación literaria con obras como:

 

  • San Miguel de Unamuno (Quito, 1954)
  • Santa Gabriela Mistral (Quito, 1956)
  • García Moreno, el santo del patíbulo (México, 1959)
  • ¿Por qué Jesús no vuelve? (Quito, 1963)
  • El cuento de la Patria (Quito, 1967)
  • Raíz y camino de nuestra cultura (Cuenca, 1970)
  • José Carlos Mariátegui, el precursor, el anticipador, el suscitador (México, 1976)
  • Plan del Ecuador (Guayaquil, 1977)
  • América dada al diablo (Caracas, 1981).

 

Etapa apenas interrumpida por su candidatura a la Vicepresidencia de la República, en binomio con Antonio Parra Velasco, en 1960.

El gobierno mexicano le hace un reconocimiento con el premio “Benito Juárez” en 1968. A fines de ese mismo año, en forma definitiva, retorna al Ecuador, donde se encuentra el premio literario Eugenio Espejo, en 1975. Su tarea entonces se centra en la organización de la democracia. Ocupación de la carga del presidente del Tribunal Electoral, al que renuncia por razones de salud.

Muere el 8 de marzo de 1979. Sin embargo, su figura permanece hasta hoy en el panorama ecuatoriano y latinoamericano, pues fue el intelectual que se movió el puente entre el Ecuador y el otro lado del país, el mundo intelectual de América Latina hacia Europa . Sin duda, una de las figuras emblemáticas de la Cultura Ecuatoriana del siglo XX.


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