DELEN» SU VOTO A LA CULTURA, CANDIDATOS

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En 2011, el entonces candidato a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, no pudo mencionar con solvencia, en el marco de la Feria Internacional del Libro, los títulos de los tres libros que habían marcado su vida. Para más inri, confundió los nombres al indicar que Enrique Krauze era el autor de La silla del águila, una novela de Carlos Fuentes.

«Mencione tres libros que lo influenciaron, señor Peña Nieto», le pidieron al expresidente y él respondió timorato: “La Biblia y algunos pasajes bíblicos, no hablo de haber leído toda La Biblia, pero sí leí algunos pasajes”.

A partir de allí, el neófito lector patinó con nombres y reseñas. Sobra decir que ganó la presidencia.  

«Todos los países del ALBA somos territorios libres de alfabe, alfabe… alfabetismo…», manifestó el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una entrevista que le hacían en la isla caribeña de Cuba; entonces la periodista salió al paso para corregirle: «Analfabetismo», señor presidente. Maduro, trasunto de buen alumno, intentó repetir con el mentón trémulo y sin suerte: «anadaaaal… fabetismo».

Mauricio Macri transitó por la misma senda de los lapsus linguae a lo largo de su gobierno en Argentina: «el noroeste argentino tiene una radiación sosal (solar) única en el mundo». Y la lista de yerros y exabruptos presidenciales puede llenar las líneas de este artículo.

Decía Octavio Paz que “cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje”.

El 2 de septiembre de 2018, en Brasil, se incendió el Museo Nacional, una joya de 200 años de antigüedad con un patrimonio de veinte millones de piezas.  La dimensión de esta tragedia podría verse en perspectiva si se hiciera este símil: toda la colección del Museo Británico perdida en un santiamén, dos veces. 

El museo, situado en la ciudad de Río de Janeiro, venía sufriendo las consecuencias de la reducción de su presupuesto, de modo que el incendio no fue otra cosa que la estocada final en el sostenido menosprecio que experimentaba el sector cultural por parte de los funcionarios  de turno.

Las fauces de la desidia chamuscaron la institución y el histórico museo quedó en ruinas. Desidia, a todas luces, porque personal del museo había pedido al Banco Nacional de Desarrollo un crédito para su sostenimiento, pero el dinero llegó tarde, de ahí que no se hiciera la instalación de la actualización que se tenía planeada del equipo contra incendios.   

El 9 y 10 de enero de 2021, Ecuador presenció el debate que un diario colega, El Comercio, organizó para conocer las propuestas de los candidatos presidenciales de cara a las elecciones del 7 de febrero de 2021. ¿La sede? La Casa de la Cultura.

En el encuentro, al margen de las propuestas sensatas y populistas, los políticos no solamente soslayaron la cultura sino que hicieron gala de la poca simpatía que tienen por el lenguaje, así, los furcios estuvieron a la orden del día.

Es verdad que el formato del encuentro estaba diseñado para que se trataran ciertos temas puntualmente, pero ni en el minuto libre que tuvieron los presidenciables para referirse a cualquier tema hablaron sobre el sector cultural y menos aún sobre su alcance y efecto en la economía, más todavía en esta tesitura sanitaria y pandémica en la que hasta hoy, 11 de enero de 2021, la cultura y sus protagonistas han servido honrosamente de coadyuvantes para evitar en los hogares la compra indiscriminada de Valium.  

«Demen su voto», «error catastral», «voy a impulsar el petróleo»,  «todo el peso de la corrupción», fueron algunos de los exabruptos que soltaron los candidatos y la lista sigue… 

«Demen su voto», valga la aclaración, no es un yerro que puede surgir de la prisa al hablar sino la evidencia inequívoca de que su autor es un bisoño en gramática.

La forma correcta es «denme», resultado de añadir el pronombre personal átono «me» (‘a mí’) a la forma de imperativo correspondiente a «ustedes» del verbo «dar», «den». ¿Se entiende? «Denme», no «demen».

Menos mal que la Casa de la Cultura, sede del debate y templo de las artes, qué ironía, no se incendió con las lenguas de fuego que pulularon en los encuentros de los presidenciables, aunque debió haber hervido ante tanta incultura.

«De-de-delen» su voto… 

FUENTE: EL TELÉGRAFO

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