VICTOR MIDEROS Y LA SENSIBILIDAD DEL COLOR

Artista de exquisita sensibilidad, genio en la composición, inspirado en la representación de la forma, la dimensión, la luz y el color.

Nació en Ibarra, provincia de Imbabura. Hijo de familia religiosa católica. Desde niño muy hábil para el dibujo, ingresa a estudiar arte en el prestigioso taller de los reconocidos escultores, los hermanos Reyes. En su tierra natal recibe conocimientos de pintura con los artistas Toro Moreno y Rafael Troya. Luego se radica en  Quito para estudiar medicina en la Universidad Central del Ecuador. Después de graduarse y convencido que su fuerte es la pintura, ingresa a escuela de Bellas Artes donde recibe clases de artistas venidos de Europa como Raúl María Pereira, Paul Bar y León Camarero, quienes en 1913 están compartiendo conocimientos con enfoque academicista. Aprovecha los estudios de anatomía obtenidos en su reciente profesión, le sirven para trabajar la figura humana a la perfección.

En 1918 el presidente Alfredo Baquerizo Moreno, lo nombró Agregado Cultural de la embajada ecuatoriana en Roma. Su estadía en esta ciudad le permite estudiar en varias escuelas de arte incluyendo España y Francia. Eleva su estatus de pintor al ser reconocido como miembro del Círculo Internacional de Artistas de Roma y académico de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. A su vez, al ser Roma un lugar cuna de la religión católica, afianza sus creencias inculcadas por la familia.

Mideros trabaja en el momento en que todas las tendencias y precursores del arte moderno se está desarrollando con mucha fuerza, pero decide mantenerse en la línea tradicional. Recibe apoyo de la burguesía del momento que busca satisfacer su religiosidad y espiritualidad, se vuelve anacrónico en el arte al no ingresar a trabajar los conflictos sociales del momento. Presenta obras de gran expresión con buen dominio de la composición con temas religiosos, esotéricos y personajes cotidianos. Resuelve las representaciones con tonos místicos de color luz, estudiados en el la gama cromática que presenta el arcoíris.

Es el pintor abierto a las novedades lumínicas del impresionismo, se queda con esta paleta brillante, pero se mantiene en la tradición clásica que lo vuelve un pintor poderoso y elogiado del momento, además es preferido del público conservador como la iglesia católica, institución demandante de representaciones místicas y simbólicas. Al realizar sus pinturas utiliza una paleta que conecta la naturaleza y el simbolismo tanto real como sublime en el espacio de vida, trabaja con la denominada por él “Paleta de Dios”.

En la obra “Los Salasacas” de género costumbrista, estéticamente se puede apreciar la maestría con que maneja el color y la composición, presenta contrastes de claroscuro, tres personajes descalzos sobre suelo árido, visten trajes de la comunidad, el hombre interpreta la flauta y las mujeres meditan como un ritual a la música , en segundo plano  cerca al nevado del Apu Chimborazo se representan las viviendas de su comunidad en que dialogan los habitantes, cierra la escena una composición de nubes en colores azules, lilas, ocres y rosas.

De regreso a Ecuador, trabaja como director del Museo Nacional y como profesor de Historia del Arte, Anatomía Artística y Dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes, para luego asumir la Dirección de la misma. Sus obras encontramos en varios museos, centros culturales y colecciones particulares. En su carrera artística obtiene varios reconocimientos, en la Exposición Nacional de Arte de Quito de 1915, en el salón de Mariano Aguilera por siete años, entre otros. Falleció en Quito el 9 de octubre de 1967.

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