¿LA NATURALEZA ES LA GRAN GANADORA CON LA CUARENTENA MUNDIAL POR POR EL COVID -19?

David Romo, Ph.D en Biología de la Conservación por la Universidad de Minnesota y docente de la Universidad San Francisco de Quito analiza este panorama. 

El mapa mundial del Covid- 19 muestra más de 1,2 millones de casos y más de 71000 muertos, esta pandemia ha llevado a que miles de millones de personas entremos en cuarentena. ¿Esto supone un respiro para el planeta?

Estamos viendo signos bastante interesantes, eso por lo menos de lo que se reparte a través de las redes sociales, una reducción de las emisiones y tiene que ver con la reducción de tráfico de carros, el primer productor de CO2, es el vehículo, y que dejen   de transitar miles obviamente presenta un impacto en el aire.

Ahora que esto vaya a tener un impacto inmediato, en términos de la capa de efecto de invernadero eso todavía sería muy prematuro señalarlo, o decir algo al respecto.

Yo creo que mucho de esto está ligado a esa visión romántica de la naturaleza en la que creemos cosas como que la pandemia tiene que ver con un castigo de la Madre Naturaleza, pero no hay fundamento científico para hablar de eso. 

Esta pandemia está ligada a la gran sobrepoblación humana. Estamos en un mundo con tantas personas, con unas densidades poblacionales muy altas, como es el caso de Ecuador, el caso de China y vemos cómo esto repercute en la velocidad en la cual estas enfermedades se dispersan. 

La humanidad se acerca ya a los 8 mil millones de personas ¿Por difícil que sea, la naturaleza gana en algo con la muerte de los cerca de 100,000 personas que deja esta pandemia?

No es ni un rasguño. Si estamos cerca de ocho mil millones, para que el descenso de la población humana comience a tener un impacto significativo sobre la conservación de las demás especies en el planeta, tendríamos que estar hablando de una reducción del 50 por ciento por lo menos de esa población  y es algo que no va a suceder, porque justamente la fortaleza de los humanos es poder responder a este tipo de  presiones de la naturaleza de manera muy eficiente, logrando proteger ante todo la vida de nuestra especie. 

Ahora lo que a mí me preocupa en nuestro país es pensar en las comunidades indígenas de la Amazonía, de aquellas que viven aun dependiendo de los recursos del bosque. En la actualidad la presión de los recursos del bosque había bajado porque estas personas   han tenido acceso a nuestros mercado de víveres como: arroz, azúcar, fideos, gallinas, es decir cosas que   son parte de nuestra subsistencia   que ahora son parte de la subsistencia de huaoranis, kichwas, shuar, achuar, etc, en estos momentos   en que ellos tendrán poco acceso a estos bienes por la cuarentena una de las cosas que podría estar ocurriendo sería la caza de vida silvestre. 

Este escenario que usted plantea también aborda la cultura. Porque en la Constitución se reconoce los modos de vida de los pueblos y nacionalidades de nuestro país. ¿Este sería un tema que debería debatirse, porque la cacería es un modo de vida que representan e identifica a una cultura? 

Es verdad, estamos reconociendo que esto es un modo de vida, sin   embargo el problema radica cuando los actores locales indígenas dejan de utilizar el recurso para subsistir y lo comercializan para poder obtener con esa venta otros recursos. Entonces ya no es subsistencia, es el uso de la naturaleza en otro sentido, lo mismo pasa en la tala de árboles. El tema aquí es que no se ha tratado las alternativas, es decir, como se va a trabajar con esas comunidades para que tengan alternativas a la explotación adecuada de sus propios recursos. 

 Otro de los temas que ha saltado a la luz pública es la presencia de animales salvajes en las ciudades ¿Que podríamos concluir sobre este comportamiento?

 Lo que he visto es como venados entran a locales de frutas y verduras en Japón, no me imagino ver eso en Quito o en Guayaquil, porque nosotros nos hemos encargado de alejar a la vida silvestre de nuestras ciudades de una manera estrepitosa. Sin embargo, lo que esto quiere decir es que si nosotros abrimos los espacios adecuados podríamos tener un reencuentro con la vida silvestre que es, más allá de la noción al respeto a la naturaleza, yo creo que también llena un vacío de la humanidad que es el contacto con esa vida que hemos atacado por mucho tiempo.

Varias personas aquí en Quito buscamos tener jardines que permitan que la vida silvestre llegue, pero lo que nos falta es una ciudadanía que no los dañe, para que puedan llegar en nuestra cotidianidad. 

¿Sentirse cómodos en las ciudades, hoy relativamente abandonadas, no resultaría perjudicial para los animales, a sabiendas el comportamiento del humano con la naturaleza? 

Creo que esta presencia de animales pasa en ciudades en donde los humanos hace rato no los cazan. Aquí en Ecuador en lugares donde las comunidades dejan de cazar a la vida silvestre se ve un regreso de la vida. Esto no es nuevo, simplemente vez el exceso de gente en una ciudad hace que la vida silvestre no se acerque, pero por ejemplo en Barcelona ves a jabalíes dentro de los parques, en USA ver venados dentro de las casas no es nada de otro mundo.

Aquí se va la cuarentena y la gente se pelearía por coger a uno de esos animales, eso es parte de la falta de empatía con la naturaleza que aún tenemos.  

¿El virus que ahora ha puesto en jaque a la humanidad se originó por la mala manipulación de animales salvajes, esto marcará una lección en la humanidad sobre su relación con la naturaleza?  

Yo tengo poca fe en los cambios en la naturaleza humana, siempre vamos a pensar en que lo que pasó allá no va a pasar acá. Lo que hemos tenido es un impacto global   pero todavía no hemos llegado a un cambio global   en nuestro comportamiento hacia la naturaleza.

Tal vez nos haga un poquito más humildes, más respetuosos, pero culturas como la China y las mismas nuestras difícilmente cambien.

Llevamos varios años diciendo que no se debería comer spondylus y no hemos parado, que no deberíamos matar a los tiburones y los seguimos matando.

Hay una campaña de no usar palma de cera y por fin logramos que la iglesia   deje de   promover el domingo de ramos con la palma de cera. 

Creo tal vez, con un poco de suerte, situaciones extremas puede ayudarnos a cambiar, pero lo dudo mucho. El susto nos pasa rápido y retomamos las mismas prácticas anteriores. 

ENTREVISTA COMPLETA DE ZONA CULTURA

 

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