NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED LA PEREGRINA DE QUITO

 

 

Autor: Anónimo

Técnica: Oleo sobre seda

Siglo: XVIII

 

Obra elaborada en seda, en la que aparece la Virgen de la Merced, denominada como la peregrina de Quito, en el centro y rodeada de portentos realizados en su peregrinaje por América.

Luego de la fundación de San Francisco de Quito, el mariscal Diego de Almagro y uno de los capellanes el Fray Martín de Victoria, religioso mercedario, el 28 de agosto de 1534 autorizan a que la Orden Mercedaria se estableciera en la ciudad.

El 4 de abril de 1537, el cabildo concede solares para la edificación de la iglesia y el convento, al Fray Hernando de Granada de la Orden de los Mercedarios, al igual que dos fanegas de tierra para sembrar.  

El culto y veneración a la Virgen inició con la celerísima Imagen en Piedra de Nuestra Señora de la Merced. Transcurridos 40 años desde la fundación, ayudó a que la Orden sea amada y una de las más populares en el antiguo Reino de Quito. Los pobladores de la región acudían como amparo más seguro y poderoso en cuantas necesidades públicas ocurría.

Carlos V, Emperador de España, reinó de 1519 hasta 1556 en que abdicó al trono a favor de su hijo Felipe II, retirándose al convento de Yuste donde murió en 1558. Bajo su dominio conquistó el Perú, favoreció a ciudades, conventos e iglesias eregidas en las nuevas colonias Américanas. A este convento y templo obsequió una campana, a otros  dispensó imágenes, ornamentos litúrgicos, rentas y donativos cuantiosos.

A los padres mercedarios apreciaba en gran manera Carlos V, por su colaboración en las conquistas y colonización, por su celo y favor dedicado a la evangelización. Les envió desde España varios objetos de culto y algunas Imágenes de la Madre de Dios.

A la llegada de la imagen a las cercanías de Quito, concurrió la ciudad entera a venerarla en el sitio, depositada, hasta el traslado al templo que se celebró con solemnidad y concurrencia de autoridades civiles y eclesiásticas. Con una procesión espléndida, una de las primeras a la Reina de los Cielos celebrada en la región de los Andes.

La Madre complacida por los homenajes fervorosos de su pueblo, se verificaron varios portentos en el desfile de esta procesión, llegando a ser la más celebre en toda clase de necesidades graves de la vida, la gente decía la dulce oración: Madre mía de la Merced ayúdame.

La inmensa popularidad de Nuestra Señora de la Merced no solo en la Audiencia de Quito, sino fuera de ella, por su fama y portentos que llenó los ámbitos de América Española. La Peregrina de Quito escultura de madera, menor al tamaño natural, reproducción casi exacta de la imagen española de la Matrona de Barcelona.

En 1703, nuestro suelo continuaba agitándose por convulsiones volcánicas y con una de ellas, el templo primitivo de la Merced que se construyó en Quito, sencillo y humilde, de poca duración por lo que se resolvió levantar una iglesia magnifica y sólida. Organizándose una recaudación general en América, acordando llevar en su compañía a la Milagrosa imagen. La peregrina de Quito avanzó hasta Bolivia y Chile al sur y México al norte, en demanda de limosna.

El Templo actual fue terminado y bendecido solemnemente en 1737.  Celebrándose el triduo que inició el 24 de septiembre costeado por la Real Audiencia de Quito, el segundo por el Obispado y el Cabildo Eclesiástico y el tercero, por la Comunidad Mercedaria, comendador del convento fray Francisco Xavier Espinosa y Provincial fray José Portilla, el comendador fue peregrinando con la Imagen de Nuestra Señora.

La célebre imagen fue conducida a España, se ignora el motivo pero fue retenida por disposición del Prelado de la Orden. Venerada en Cádiz, siempre con el Titulo de Nuestra Señora de la Merced de Quito.

 

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