OBRA DEL DÍA: CESTERÍA ÉPERA Y CHACHI

OBRA DEL DIA

Toquilla, bijao, piquihua, rampira, tetera y chocolatillo son la materia prima para la elaboración de cestas, realizadas por las mujeres épera y chachi, que se asientan en la provincia de Esmeraldas. Con su esfuerzo, ellas buscan mejorar su ingresos y nivel de vida de su familia. Las mujeres Éperas y Chachis de la provincia de Esmeraldas son cesteras por tradición. Dicen que desde tiempos milenarios, descubrieron las bondades de la paja toquilla o rampira, del chocolatillo y de las hojas de bijao. Con esas decidieron hacer cestos de diferentes modelos, tamaños y grosor.

Las mujeres chachis elaboran gran variedad de objetos con paja toquilla, hoja de bijao, chocolatillo y piquigua. Plantas tropicales que crecen en la selva y que también se cultivan en huertos, por la alta demanda. Con ellos realizan aventadores o sopladores, canastos redondos sin jaladeras, pequeños, medianos y grandes para diferentes usos; cestos alargados anchos o delgados, individuales de cocina, etc.

Estos modelos se combinan con propuestas de producción que vienen de las mujeres Éperas, otro grupo humano originario del trópico nor-ecuatoriano. Las Éperas se especializan en el trabajo con choclocatillo y cada obra se caracteriza por la cromática.

Ellas ofrecen cestos, timburos, cesta sin tapa, cartera con hoja de bijao, carteras de colores, panaderas, jarrones de diversos tamaños, modelos y colores. La gente puede escoger entre amarillos, rojos u otros donde se funden todos los tonos. Cestos con rayas negras, color que se obtiene cuando al chocolatillo se lo pone bajo tierra por tres días. Artesanías amarillas que se logran al cocinar las hojas de una planta propia del lugar.

Los de color café tienen el color natural del chocolatillo. Para ganar mercado, las cesteras innovaron productos, propusieron nuevos y diferentes diseños. Ahora hay timburos para floreros o maceteros alargados, unos más altos que otros.

Los más bajos se conocen como chaparra, pero al final el cliente define qué uso le puede dar a los productos. El tejido de las Éperas es muy fino y más ralo. Las cestas ofrecen ventilación para conservar en buen estado lo que en ellas se guarde. Su ralo tejido no permite la acumulación de olores y permite mantener en estado fresco. Las simbologías incrustadas en los productos de las Éperas son propias de su cultura.

Tratamiento de la materia prima

El proceso de elaboración de la cestería empieza con la cosecha de las plantas. Las hojas de bijao se someten a limpieza y luego se las corta. Las hojas útiles son las maduras, las tiernas se dañan y no dejan buenos resultados. De la paja toquilla o rampira se cortan las hojas.

A los tallos maduros se les divide en dos y se saca el tallo del centro, del cual se coge sólo la parte fina. Esos tallos se secan al sol por tres días, para que no dejen mal olor, ni entren polillas y así lograr productos de calidad. Después se tejen los cestos.

El tejido se lo hace de mayor a menor. Todo empieza con el tejido del centro madre; de ese punto se dividen tres o cuatro centros más, hasta dar forma a la artesanía. Esos saberes del tratamiento y tejido es ancestral y milenario. Se transmiten de madres a hijas porque es parte de la cultura femenina de los Chachi y Épera, es el aporte económico de ellas para el hogar, pues los varones trabajan en otras áreas.

 Aparte de la cestería, las mujeres Éperas y Chachis realizan actividades domésticas como cocinar, lavar, planchar, traer la leña y el verde

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